Una pareja joven en la habitación de ella. Se buscan, se susurran al oído y él toma la iniciativa de besarle el cuello. Ella se deja, lo estaba deseando y le pide más. El, obediente, cierra la puerta de la habitación y la empuja sobre su silla para acto seguido bajarle los pantalones y las braguitas de un solo acto. Tras eso, el pone su cabeza entre las piernas de su amada y ella le ruega que no siga que la madre está en casa y tiene miedo de ser descubierta, pero él esta vez no fue obediente e introdujo un dedo por el lubricado sexo que tenía enfrente a lo que ella se entregó por completo y dejó que la lengua de su chico le transportará por el camino del placer hasta ese orgasmo que tanto deseaba.
Y así fue ya que no tardó mucho en tirar del pelo a su entregado amante hasta decirle entre gemidos controlados y voz baja que había tenido el orgasmo más morboso de su vida por tener la incertidumbre de si su madre los pillaría o no.
Ella para ser agradecida con su chico, lo apoyo en el escritorio y comenzó a hacerle con la boca por su duro sexo, todas esas cosas que a él le vuelven loco. Y tan loco lo volvió, que la alzó bruscamente y la puso de pie contra el mueble que sustenta la cama y sin mediar palabra la penetró hasta el fondo con todas las ganas y la pasión que se puede tener cuando la sangre hierbe. En esa postura, ambos disfrutaron como nunca, se sintieron sexualmente como no se habían sentido anteriormente, ella le decía gimiendo que le encantaba y el cada vez se entregaba más a la causa porque sentía que el orgasmo no estaba lejos. Y así fue, el llegó hasta el final y disfrutó de ese orgasmo como de ninguno otro sentido antes.

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