sábado, 26 de febrero de 2011

Verde Esmeralda

Un medio día de Junio en la Madrileña plaza de Callao se encontraron en persona dos jóvenes que se habían citado para compartir un paseo.

El, puntual como es siempre, allí estaba frente al cine esperando con cierto nerviosismo controlado. Ella, pozo de cultura, apareció libro en mano protegiéndose del sol tras unas enormes gafas que tapaban una de sus mejores armas, sus preciosos ojos verdes. Lo que no protegía sin pudor ninguno, era su robusto y voluminoso escote, el cual fue destino de miradas directas e indirectas de quien la estaba esperando.
El saludo fue como merecía la ocasión, dos besos, un abrazo sentido y una sonrisa en la expresión de cada uno que hacía predecir que ese encuentro marcaría un hito en SU unión de amistad. La voz de ella provocó seducción en el al igual que, para ella, la mirada de su acompañante le resultaba irresistible.

Caminaron, se perdieron por las calles del casco antiguo rodeando la Plaza Mayor y terminaron comiendo en un local de bocadillos de lo más sencillo.
Allí fue donde a el se le despertó el cosquilleo de la excitación al mirarla y admirarla mientras ella le contaba mil cosas. El, observaba ese carmín intenso en movimiento que cubría los labios que le estaban hablando y no había oasis más deseado en aquel momento como esos labios a los que sentía la necesidad de besar, saborear, humedecer y volver a besar.

Pasearon de nuevo tras la comida. Ella lo acompaño hasta donde se dirigía el y allí lejos de miradas indiscretas y rodeados de transeúntes poco preocupados por lo que sucede a su alrededor, le sorprendido con un beso que correspondió con todas las ganas e intensidad.

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