Buenas noches:
Al llegar a casa, después de pasar todo el día encerrado en la oficina, me cambio de ropa y me equipo para salir a correr. Por delante, me espera una carrera de obstáculos urbanos tales como, semáforos, pasos de cebra no regulados, gente a la que esquivar... y de vez en cuando algún que toro susto del que me recupero rápidamente.
Hago siempre el mismo recorrido por comodidad y porque hasta a fecha no he encontrado mejores sitios por los que correr minimizando las interrupciones. Largas calles y avenidas, que me sirven de preparación para mi primera carrera con numero de dorsal que llegará en apenas un mes.
Correr hace que lo olvide todo y que vacíe la mente hipnotizado por el ir y venir de mis zapatillas, al ritmo de mi respiración acelerada. Siento como el corazón bombea con toda su fuerza, late y late acelerado a cada paso que doy y a veces parece que vaya a explotar en mi interior.
El recorrido es largo, unos 8km al día. La consigna es clara, vencer el cansancio modificando la intensidad si es necesario y nunca acortar el recorrido ni mucho menos abandonar. Me doy ánimos a mi mismo si siento que desfallezco, me obligo inclusive a no ceder ante la tentación de terminar antes de hora. Se ha convertido en una obsesión sana que me sienta muy bien.
A medida que avanzo el sudor y el cansancio se hacen más y más presentes. Ese es el objetivo, sudar, sentirme cansado, sentir que le estoy pidiendo al cuerpo que trabaje de verdad, que se mueva lo que no se ha movido durante todo el día y el me responde con tensiones musculares y alteraciones en la respiración. Pero como a insistente no me gana nadie, contra más el se revela más fuerzas me entran para llegar hasta el extremo del recorrido y una vez allí felicitarme por haber alcanzado ese punto y mentalizarme que queda la vuelta.
La vuelta siempre se me hace más "placentera" si se le puede llamar placer al cansancio que uno mismo se produce. El llegar al extremo del circuito es llegar a un logro diario y eso hace que la vuelta sea más sencilla. Es cuando pienso, "si he ido, puedo volver no?" y así es, me lanzo con ganas a hacer de nuevo esa larga avenida por la que corro, sintiendo como me empapa el sudor y como el cansancio se apodera de mi de manera más notoria.
Ya en el tramo final del recorrido, cuando las piernas parecen pesar 500 kilos cada una, es cuando más ánimo me doy. Ahora no puedo parar, sería un fracaso absoluto el parar ahora, me digo a mi mismo, con esa mentalidad y extenuado sigo y sigo hasta llegar donde he empezado, la puerta del edificio donde vivo.
P.D. Esta es la historia de mi nuevo hobby, algo que hace tiempo ni me hubiera imaginado que haría ni mucho menos que lo haría con tantas ganas. Empecé a hacer hace 4 meses y desde entonces no he podido ni querido dejar de hacer. La primer vez fue acompañado por alguien a quien siempre recordaré, las siguientes hasta la fecha siempre solo.
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