Al llegar allí, salió a la calle para ver ese paisaje que tanto le gusta, para sentir el frío no húmedo por su piel y alzo la mano para parar un taxi y dirigirse a llevar a cabo las gestiones por las cuales había hecho ese viaje no rutinario.
Con las gestiones puntualmente realizadas y con unas horas libres para disfrutar de esa maravillosa ciudad, tomó el metro y se dirigió al centro para disfrutar del trajín de la que para el es la mejor calle del mundo, la gran vía, para pasear por esa plaza donde da el sol todo el día, que tiene sol por nombre y donde se ven personajes curiosos, en definitiva para disfrutar en soledad y silencio de ese sitio en el que sueña vivir.
Y de repente un SMS que el esperaba: Estoy de camino a Madrid, llegaré sobre X hora, y el responde rápidamente: Quedamos en tal punto a tal hora. El encuentro tenía, al menos para el, cierto punto de intriga ya que había quedado con alguien poco conocido, pero que le interesaba mucho conocer por lo que sabía de esa persona y de sus gustos.
El encuentro se produce de manera sencilla y rápida. Dos besos, ella propone un plan y se ponen andar juntos. Mientras iban andando por la ya mencionada mejor calle del mundo para el, se intercambian preguntas y opiniones para saber más el uno del otro. Contra más hablaban más a gusto el se siente el lado de esa persona, una comodidad que deseaba y que al verla hecha realidad el siente tranquilidad por ello. Y sin darse cuenta, llegan a su destino, una sala de exposiciones.
Ella que conoce el sitio, lleva la iniciativa e incluso hace de guía por el recinto. Pasean por sus salas, comentan cada uno de los cuadros, se dan sus opiniones mutuas y el se siente hasta feliz por un momento. Mira la situación y ve que está haciendo algo que no hace a menudo, con alguien que si lo hace a menudo y se siente cómodo en dicha situación. Al final de la visita, ella toma la iniciativa de enseñarle un sitio algo más escondido del recinto pero muy especial, muy significativo por lo que es, por como está hecho. El piensa que ese sitio es ideal para sentarse a leer un libro o para estar tranquilamente en un momento de intimidad con alguien especial, pero solo es un pensamiento propio que no exterioriza ni comparte con quien le acompaña.
Tras ese momento de des conexión y pensamientos internos, dada la prisa que Félix tiene, ya que ha de tomar el tren de vuelta, no por ganas de volver sino por obligación de ello, deciden buscar un lugar donde poder comer algo rápido. Comen breve mente, salen a la calle y antes de que sus caminos se separen, se paran a despedirse tranquilamente, se dicen que seguirán en contacto, hay un silencio que a Félix se le hace algo incomodo y decide darle dos besos que, quizás, le puedan llegar a saber a poco, pero que es lo que el cree conveniente en ese momento.
Antes de finalizar su viaje, Félix se encuentra en la estación con su mejor amigo, que casualmente esa semana también se encuentra en esa ciudad por trabajo, para tomarse un rápido café solo largo y charlar un poco antes de tomar el tren que le devuelva velozmente a la ciudad donde vive.
Y de repente un SMS que el esperaba: Estoy de camino a Madrid, llegaré sobre X hora, y el responde rápidamente: Quedamos en tal punto a tal hora. El encuentro tenía, al menos para el, cierto punto de intriga ya que había quedado con alguien poco conocido, pero que le interesaba mucho conocer por lo que sabía de esa persona y de sus gustos.
El encuentro se produce de manera sencilla y rápida. Dos besos, ella propone un plan y se ponen andar juntos. Mientras iban andando por la ya mencionada mejor calle del mundo para el, se intercambian preguntas y opiniones para saber más el uno del otro. Contra más hablaban más a gusto el se siente el lado de esa persona, una comodidad que deseaba y que al verla hecha realidad el siente tranquilidad por ello. Y sin darse cuenta, llegan a su destino, una sala de exposiciones.
Ella que conoce el sitio, lleva la iniciativa e incluso hace de guía por el recinto. Pasean por sus salas, comentan cada uno de los cuadros, se dan sus opiniones mutuas y el se siente hasta feliz por un momento. Mira la situación y ve que está haciendo algo que no hace a menudo, con alguien que si lo hace a menudo y se siente cómodo en dicha situación. Al final de la visita, ella toma la iniciativa de enseñarle un sitio algo más escondido del recinto pero muy especial, muy significativo por lo que es, por como está hecho. El piensa que ese sitio es ideal para sentarse a leer un libro o para estar tranquilamente en un momento de intimidad con alguien especial, pero solo es un pensamiento propio que no exterioriza ni comparte con quien le acompaña.
Tras ese momento de des conexión y pensamientos internos, dada la prisa que Félix tiene, ya que ha de tomar el tren de vuelta, no por ganas de volver sino por obligación de ello, deciden buscar un lugar donde poder comer algo rápido. Comen breve mente, salen a la calle y antes de que sus caminos se separen, se paran a despedirse tranquilamente, se dicen que seguirán en contacto, hay un silencio que a Félix se le hace algo incomodo y decide darle dos besos que, quizás, le puedan llegar a saber a poco, pero que es lo que el cree conveniente en ese momento.
Antes de finalizar su viaje, Félix se encuentra en la estación con su mejor amigo, que casualmente esa semana también se encuentra en esa ciudad por trabajo, para tomarse un rápido café solo largo y charlar un poco antes de tomar el tren que le devuelva velozmente a la ciudad donde vive.
Las dos horas y media de viaje sin paradas, le sirven a Félix para pensar en el día que ha tenido y en el mismo, haciendo un ejercicio de mirarse al espejo y valorar lo que en el ve.
FIN.
FIN.
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